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Las niñas buenas se pueden convertir en mujeres infelices

Recientemente he escrito dos post para la cuenta de Instagram que os invito a leer si os llama la atención cómo he titulado este artículo para mi blog. El primero, lo he dedicado a tantas niñas educadas para ser “buenas” y que tantos problemas emocionales tienen que resolver de adultas, empezando por aprender algo tan saludable como que expresar es bueno. Y el segundo, está dedicado a tantos niños varones educados para ser “fuertes y valientes”, que se enferman de adultos precisamente porque tardan en descubrir, que llorar es una necesidad humana y no un derecho solamente de la mujer. Es como haber vivido toda la vida engañado, creyendo que algo tan sano como llorar es malo porque sencillamente, ni se lo han permitido, ni han visto hombres a tu alrededor hacerlo con naturalidad.

Ser una "niña buena" puede ser el origen de algunos traumas emocionales

Las niñas necesitan aprender que expresar siempre es bueno y necesario, pero que a la hora de hacerlo hay que tener en cuenta tanto el fondo como las formas. Es decir, lo natural es expresar, eso es lo que no puede ser reprimido bajo ningún concepto y lo que debemos aprender en todo caso,  es cómo hacerlo teniendo en cuenta el contexto y el lugar. Si no permitimos que algo tan natural como la expresión emocional se de desde pequeños, de adultos tendrán que aprender a hacerlo cuando en realidad es algo que no se aprende, sino que se experimenta. Lo que hay que aprender es cómo hacerlo sin dañar y sin etiquetar. Seguro que te ha tocado ver que los niños varones no lo tienen tan fácil porque cuando lo hacen o bien se les señala o ridiculiza, se les considera menos fuertes, como si mostrar la vulnerabilidad propia del ser humano fuera malo, o simplemente se les presiona para que se calmen antes. Es habitual escuchar frases como, “arriba campeón que tú puedes”, “no llores que no es para tanto”, “venga que tú eres valiente”.

Quizás no lo habías pensado, pero educar para que sean «niñas buenas» les puede llevar a mendigar el amor. Muchas niñas han crecido asociando el amor al buen comportamiento  y se han sentido más o menos queridas  dependiendo de si cumplían o no con las expectativas del adulto, esto les ha llevado a creer que no son merecedoras del amor porque en lugar de vivirlo como algo incondicional, lo han conocido como algo condicionado a la buena imagen que podían dar. “Ser un buen niño me convierte en un ser más amado”, es una creencia recurrente. 

El vínculo paternofilial está basado en un amor incondicional

Cuando mezclamos amor y cariño, los niños creen que el amor es algo que pierden cuando no sienten el cariño de sus padres y hay que tener claro, que en unas relaciones filio parentales sanas, el amor es algo que viene inherente al vínculo, que no se pierde porque no se puede separar de la relación y que, en todo caso, el cariño que se expresa mediante emociones positivas sobre todo, sí está condiciono pero a la gestión emocional del adulto, no al comportamiento del niño. El vínculo paternofilial está basado en un amor incondicional y el resto de los vínculos en un amor responsable, todos tenemos que cuidar las relaciones porque ninguna planta crece sin agua, pero el amor no se mendiga, se expresa y se recibe. Las «niñas buenas» pueden pensar que cualquier error les puede llevar a perder la entrada al corazón de sus padres y esto sí que no es nada bueno.

Somos seres imperfectos pero perfectibles

Los tiempos van cambiando, cada vez más personas se cuestionan su infancia, no para juzgar las acciones de sus padres porque nadie es juez de nadie, pero sí para analizarla y valorar con qué se quieren quedar y con qué no, sencillamente, ahora nos preguntamos tanto cómo hemos sido educados, como la manera en la que queremos educar. Y esto es bueno porque hacernos preguntas es la manera de avanzar en nuestros procesos de mejora, marcarnos objetivos y perseguirlos siempre genera mucha satisfacción. “Somos seres imperfectos pero perfectibles”, como dice Antoni Bolinches, a quien entrevisté hace un tiempo para el canal de YouTube que te invito a escuchar, como él dice, mejorar nos ayuda a madurar y a ser mejor que nosotros mismos, no mejor que los demás, el matiz es interesante. La cuestión es que muchas niñas que han crecido sintiendo que nunca eran lo suficientemente buenas para sus padres, son las que ahora tienen que hacer terapia para tener una mejor relación con sus hijos, porque cuando creces pensando que tienes que cumplir con las expectativas de los demás para ser amada, que tu comportamiento es la entrada a una mirada amorosa, te autoexiges hasta el punto de enfermarte.

Hay  mujeres maravillosas que han crecido con una gran presión por cumplir las expectativas de sus padres y ahora se esfuerzan por cumplir las expectativas de sus parejas o amistades, esto es agotador porque nunca llegas a contentar a nadie porque la primera que no está contenta es una misma con una misma. Cuando creces con la presión de cumplir con el ideal de otra persona, hagas lo que hagas, nunca será suficiente, nunca llegas al tope, nunca das en la diana, y debes saber que no es tu culpa, simplemente que ese no es el camino, por ahí no es. El ideal de otra persona, nunca debe ser el lugar al que te debes dirigir, por tu bien, por tu salud.

Exprimir a una niña nunca sacará lo mejor de una mujer adulta

Hemos oído muchas veces lo de “saca tu mejor versión” y por muy motivacional que parezca, a muchas les genera aún mayor presión. A mí en lo personal me gusta este concepto y lo tengo como un objetivo de vida, pero para mí mejorar siempre es una fuente de satisfacción. He de decir que yo parto de una base segura, me quiero, me cuido, me valoro, sé que tengo un valor independientemente de que los demás me lo den y cada día agradezco todo lo que puedo hacer y disfrutar a través de mi cuerpo y mi mente. En una frase, procuro ser una buena compañera para hacerme buena compañía. Pero entiendo que muchas otras mujeres parten de una base distinta, una autoestima baja, una gran dificultad para tener conversaciones amables consigo mismas y poco autocuidado, desde aquí buscar la mejor versión se puede convertir en una lucha sin compasión. Y por aquí, tampoco es. Por eso te sugiero que si estás luchando para mantener tu autoestima a flote, no pases al siguiente objetivo de vida sin asegurar la base. 

Todo lo bueno que hay en ti, solo lo puedes descubrir si dejas de buscar «tu mejor versión». Es mejor que te centres en tomar «tu mejor decisión» en el momento presente, valorando lo que tienes, lo que puedes y lo que te conviene. Es bueno tener sueños, anhelos y deseos con los que ilusionarte y motivarte, pero esos deseos deben basarse en buenas decisiones. La mejor versión de ti misma no se busca, más bien se construye con las mejores decisiones que tomas en las cosas pequeñas de cada día.



Te invito a ver esta entrevista

Leticia Garcés Larrea

Leticia Garcés Larrea

Pedagoga por la Universidad de Navarra (2009). Integradora Social (2002). Postgrado en Educación Emocional y Bienestar en la Universidad de Barcelona (2016). Máster en Inteligencia Emocional (2017) y estudios de Neuroeducación (2018) en la UNED de Madrid. Psicología Positiva en el Instituto Europeo de Psicología Positiva (2019). Diplomado de Educación Emocional, Liderazgo y Bases del Coaching para el Desarrollo Integral en la Fundación Liderazgo Chile (2022).
En 2010 fundó el centro de orientación familiar Padres Formados, desde donde asesora a familias en crianza positiva e imparte formación a familias y profesionales en temas relacionados con la Educación Emocional y la Parentalidad Positiva, tanto presencial como online, a nivel nacional e internacional (Colombia y México entre otros países). También organiza eventos de Educación Emocional desde 2012 en Navarra (España).
Ha sido profesora en la Escuela de Inteligencia Emocional de la UNED Vitoria-Gasteiz, también en UNED TUDELA y profesora en el «Experto Universitario en Inteligencia Emocional » de la UNIR (La Universidad Internacional de La Rioja). Vivió y trabajó en centros de menores en Guatemala y coordinó proyectos de cooperación y educación (2002-2007). Es coautora de los cuentos y del disco “Emociónate” (2014), autora del libro “Padres Formados, hijos educados” (2017), de la guía descargable “Educar sin miedo” (2018) y del cuento «Dragombolo saca el bolo» (2020) para la gestión de la frustración.También es impulsora la campaña de sensibilización «Educar sin Miedo»

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