Educar con calma y seguridad en tiempos digitales

Desde 2010 acompaño a familias desde el Centro de Orientación Padres Formados. Han pasado muchos años, cientos de sesiones, miles de conversaciones y muchísimas historias compartidas, pero hay algo que sigue emocionándome igual que el primer día: ver a madres y padres detenerse para reflexionar sobre cómo quieren educar y cómo desean relacionarse con sus hijos. Estar con padres y madres comprometidos con su crianza, sabiendo que lo que vivieron en su infancia no siempre es un ejemplo de buena crianza y sin juzgar a sus padres, desean dejarse guiar por la evidencia científica.

Última sesión del curso en Padres Formados

El viernes 15 de mayo tuvimos la última sesión del curso 2025-2026 y casi 100 familias participaron en la conferencia:

“Educar con calma y seguridad en tiempos digitales” 

Fue una sesión muy especial para mí como cierre de todo un curso, más de 15 años acompañando a familias para prepararnos cada día un poco mejor, donde hablamos de infancia, adolescencia, tecnología, emociones, vínculos y también de las dificultades reales que vivimos hoy las familias.

Vivimos en una sociedad con una enorme demanda emocional, estimulación constante y necesidad de conexión inmediata. Nuestros hijos crecen rodeados de pantallas, redes sociales, comparaciones constantes y un ritmo acelerado que muchas veces dificulta la paciencia, la espera y la tolerancia a la frustración.

Pero también recordamos algo importante:

  • La tecnología no sustituye el vínculo.
  • La educación emocional sigue siendo el gran factor de protección.
  • Y la presencia afectiva continúa siendo una de las mayores necesidades de la infancia y la adolescencia.

Educar con calma y seguridad en tiempos digitales

Durante la charla compartimos algunas reflexiones que resumen muy bien la esencia del encuentro:

  • “La educación emocional no busca niños obedientes, sino niños emocionalmente seguros.”
  • “Los hijos no necesitan adultos perfectos, necesitan adultos emocionalmente regulados… y eso también se entrena.”
  • “La clave no es prohibir las redes sociales, sino proteger enseñando pensamiento crítico y autocontrol.”
  • “El problema no es solo cuánto tiempo pasan en redes, sino qué dejan de vivir mientras están conectados.”
  • “Las redes sociales alimentan la comparación constante y el miedo a quedarse fuera del grupo.”
  • “Un vínculo afectivo sólido sigue siendo el principal factor de protección en la adolescencia.”
  • “La paciencia y la capacidad de esperar se han convertido en habilidades de muchísimo valor.”
  • “Muchas veces el castigo modifica conductas a corto plazo, pero no enseña competencias emocionales.”

La educación emocional no busca obediencia

Educar no consiste en evitar conflictos, sino en aprender a gestionarlos.

También reflexionamos sobre algo fundamental, educar no consiste en evitar conflictos, sino en aprender a gestionarlos. Detrás de cada conducta hay una necesidad emocional que necesita ser comprendida. Muchas veces los niños y adolescentes no saben expresar con palabras lo que sienten, y lo hacen a través del comportamiento, del enfado, del aislamiento, de la inseguridad o de la dificultad para regularse.

Por eso educar con autoridad no es imponer, sino guiar con respeto y coherencia personal.

Hablamos también de la importancia de reparar los vínculos. Porque el vínculo no se rompe por un conflicto familiar; se daña cuando no sabemos reparar después del conflicto.

Y en una sociedad cada vez más acelerada, donde muchas veces queremos soluciones rápidas, recordamos que no existen fórmulas mágicas para educar. La parentalidad positiva no consiste en aplicar técnicas perfectas, sino en construir relaciones sanas, conscientes y basadas en los buenos tratos.

  • Educar también implica mirarnos a nosotros mismos.
  • Revisar cómo fue nuestra infancia.
  • Comprender nuestras propias heridas, miedos y maneras de reaccionar.
  • Aprender a acompañar emocionalmente sin dejar de poner límites claros y seguros.

No hay madres ni padres perfectos.

No hay madres ni padres perfectos, ni falta que hace porque los niños no necesitan padres perfectos. Necesitan adultos presentes, disponibles emocionalmente y capaces de seguir aprendiendo.

En Padres Formados seguimos acompañando a las familias en uno de los mayores retos de la vida: educar sin perder el vínculo, sin violentar y sin dañar. Aquí no encontrarás recetas milagrosas ni promesas irreales. Encontrarás comprensión, herramientas prácticas y una mirada respetuosa hacia la infancia y la adolescencia. Porque si no hay padres ni madres perfectas, tampoco hay niñas y niños “malos”. Hay niños aprendiendo.  Somos padres comprometidos con la crianza,  intentando hacerlo mejor cada día.

Muy pronto abriré la matrícula para el próximo curso y seguiremos creando espacios donde poder reflexionar, aprender y crecer juntos. Ver enlace

Imagen de Leticia Garcés Larrea

Leticia Garcés Larrea

Es pedagoga especializada en Educación Emocional y Parentalidad Positiva y directora del Centro de Orientación Familiar Padres Formados. Desde 2010 trabaja en la orientación familiar y la formación de madres, padres y profesionales, e imparte conferencias y talleres sobre Educación Emocional, Parentalidad Positiva y buenos tratos hacia la infancia, tanto en España como a nivel internacional, con experiencias en Colombia, México y Guatemala.

A lo largo de su trayectoria ha desarrollado también su labor docente en diferentes universidades, entre ellas la UNED y la UNIR, y cuenta con experiencia en proyectos educativos y de cooperación en Guatemala. Desde 2012 ha impulsado y organizado en Navarra diferentes eventos de Educación Emocional dirigidos a familias, docentes y profesionales.

Es autora y coautora de diversas publicaciones y recursos educativos, entre ellos la colección de cuentos y canciones Emociónate, los libros Padres Formados, hijos educados e Infancia bien tratada, adolescencia bien encaminada, la guía Educar sin miedo y el cuento Dragombolo saca el bolo. Además, es impulsora de la campaña de sensibilización Educar sin miedo, creada para promover los buenos tratos hacia la infancia.