Evita decir o hacer esto por su bien

Cada vez soy más consciente de lo importante que es comunicar de forma clara, honesta y transparente en general pero con nuestros hijos en particular. Como profesional pongo mucha atención a la manera en la que los padres dan las indicaciones a sus hijos, cómo transmiten la información y suelen comunicarse con ellos habitualmente, de una frase insignificante puedo sacar mucha información. 

Ahora que estás tranquilamente leyéndome, dime si ves alguna diferencia entre estas dos frases,  «mi hijo me saca de quicio» y «me pongo muy nerviosa cuando no me hacen caso». ¿El foco cambia verdad? No es lo mismo asumir la responsabilidad de gestionarse a nivel personal que echar balones fuera y culpar de alguna manera a nuestros hijos de cómo nos sentimos. Esto lo podemos mejorar cuando lo hacemos consciente, sigue leyéndome y te cuento más. 

 

Honestidad para comunicarnos mejor

Como profesional conozco bien la teoría y procuro reciclarme de continuo, valoro tanto la formación continua que ese es uno de los motivos por los que organizamos cada año nuestro Congreso de Educación Emocional, en marzo ya nuestra 10º Edición. Por eso como madre,  tengo que entrenar mucho de lo que enseño, porque como he dicho otras veces, soy mi principal alumna y quizás a quien más exijo. 

Os contaré algo personal, este fin de semana hemos celebrado el cumpleaños de uno de mis hijos. Le pedí al cumpleañero que fuera a comprar pan y no se negó pero tampoco observé una afirmación clara, en mi cabeza estaba pensando posibles argumentos para darle «es tu cumpleaños», «qué menos que colaborar comprando el pan…» etc. Pero en seguida aposte por el «principio de honestidad», de esto hablé en Instagram hace poco también. 

Que sea su cumpleaños no es un argumento, otro día cuando no lo sea ¿Qué le diré? ¿es tu obligación? y realmente yo soy la que quiero celebrar su cumpleaños con la familia, él no me lo ha pedido. Así que, simplemente insistí en mi petición, «tienes hasta las 2: 30 para ir a por el pan que luego cierran». Para mi hijo fue suficiente con saber con cuánto tiempo contaba para organizarse, seguir jugando y aportar algo a su celebración porque aunque no lo creamos, sí les gusta ser parte de la actividades, les gusta que contemos con ellos pero no que les impongamos las cosas. Es curioso, a mí me pasa parecido.

Quizás la pregunta que pasa por tu cabeza sea, «¿Y si no hubiera ido a por el pan? ¿Qué hubieras hecho?» Entiendo tu pregunta, pero en esta ocasión no estoy hablando de qué hacer con mi hijo para que me obedezca, sino de qué pienso cuando no me obedece porque mi reacción puede ser muy distinta según cómo pienso, cómo me siento y qué relación quiero tener con mis hijos. 

En este post quiero hablar de algo muy importante y tiene que ver sobre cómo hablamos a nuestros hijos y qué hablamos de ellos, ¿es necesario que contemos lo que hacen en casa?, ¿les ayuda en algo que otros sepan cómo tienen su habitación? La crítica cuando invita a la reflexión, al cambio, a la mejora y parte del amor, puede que se convierta en autocrítica y desde ahí se generen transformaciones positivas y personales, pero mientras sólo sea juzgar aquello que me molesta, poco les ayudamos a mejorar.

Evita hacer estas acciones por su bien

Sé que todo padre y madre que me lee, quiere el bien de sus hijos, por eso sabiendo que quieres su bienestar emocional, te digo, evita alguna de estas situaciones y estarás creando una bonita relación familiar:

  • No cuentes cómo se comporta tu hija en casa, si la información que das no favorece que los demás construyan una imagen positiva de ella, mejor hablar de otro tema.
    No cuentes lo «desordenada que tiene la habitación». Exponerla en público no hará que su orden mejore, quizás hasta empeora porque la crítica no favorece la colaboración.
  •  Cuando alguien te muestre algún aspecto negativo de su hijo, no aproveches para hablar del tuyo peor, «pues si tú te quejas de tu hijo, deberías ver la habitación del mío»
  •  Cuando vayas a la tutoría del colegio, escucha lo que te cuentan de tu hija y suma solamente la información que permite a su maestra educarla mejor.
  • Si participas en una conversación donde se crítica duramente el comportamiento de un niño, aporta un comentario esperanzador, «todavía tienen mucho que aprender»
  •  No hables del futuro de un niño en base al comportamiento del presente, «si ahora es así cómo será con 15 años». Las predicciones sin amor generan pensamientos destructivos.
  • No hables de tu hijo como si fuera un «problema» o «tuviera un problema». Todo es educable y educativo mientras no haya un diagnóstico médico.

Evita decir algunas de estas frases por su bien

  •  «Con lo bien que te habías portado toda la tarde y ahora mírate cómo te has puesto, no pareces mi hija»
  •  «No vas a conseguir nada llorando, pareces una niña pequeña y ya veremos si mañana salimos al parque a jugar, desde luego con el comportamiento de hoy creo que no te lo mereces»
  •  «Yo pensaba que tú ya sabías cómo comportarte, me has hecho pasar mucha vergüenza gritando así delante de todos, desde luego qué mal te has portado…»
  •  «Ahora no me pidas perdón, eso no cambia nada, la próxima vez acuérdate de este momento y de cómo te tienes que comportar…»
  • «Me ha dicho la profesora que en clase hablas mucho y que no prestas atención, te vas a quedar castigado en casa hasta que me diga que tu comportamiento ha mejorado»
  •  «Yo ya no sé qué hacer contigo, si te digo las cosas a buenas no haces caso, si te las digo a malas dura poco, ¿Cómo te tengo que decir las cosas para que me hagas caso?»
  •  «En mis tiempos a los niños como tú los mandaban a un reformatorio, igual tengo que buscar uno para ti, ¿tú quieres eso? ¿No verdad? Pues pórtate bien…»

Entonces, ¿Cómo le ayudo?

Sé que muchas veces cuesta saber cómo educar de forma positiva, lo que no hay que hacer es relativamente fácil, o más fácil de reconocer al menos, con el fin de ayudarte a verlo más claro, aquí te muestro algunos ejemplos que tienen que ver con preguntas que me hacen en las formaciones o que me toca resolver en la consulta de orientación. Coincide que son situaciones muy habituales y por eso las he seleccionado especialmente. Te invito a ver la publicación de Instagram donde todo esto lo explico de forma más gráfica. De estas situaciones, ¿hay alguna con la que te identificas más? ¡Cuéntame!

  1. Cuando le llamas varias veces y no responde, quizás porque tiene su atención puesta en algo que le gusta, exprésale que no te gusta estar esperando, «te he llamado varias veces, no me gusta esperarte tanto tiempo…»
  2. Si le pides que haga algo y te dice «ya voy», «espera» o «más tarde», valora su intención y comprende su capacidad de distracción, por eso le ayuda más escuchar «como veo que todavía no lo has hecho, espero aquí para que lo puedas hacer…»
  3. Si le pides un favor y no lo hace, recuerda que tan importante es educar en responsabilidad como respetar cuando se niegan a hacer cosas desde su libertad. A veces podemos insistir para que colaboren y otras es mejor respetar su negación.
  4. Si no te gusta cómo se comporta, recuerda que su cerebro tarda en madurar más de 24 años y tu forma de corregir es fundamental para que aprenda lo que necesita para expresarse mejor.
  5. Si se muestra retraída cuando se junta con personas que no conoce mucho, no la etiquetes como «tímida» ni la justifiques, «no ha echado la siesta», su comportamiento no es malo, es natural. Cuando se sienta cómoda, ya se soltará.
  6. Si en la escuela se quejan de la conducta de tu hijo, no lo regañes nada más verlo, es una oportunidad para mostrarle que confías en su capacidad para mejorar y para expresarle cómo le vas a ayudar a lograrlo desde casa.
  7. Si observas que cuando está con otras personas se «deja llevar», no tiene iniciativa y «la dirigen» no pienses que es porque no tiene carácter, aún tiene que desarrollar su autoestima y ganar seguridad, lo mejor es que en esto le puedes ayudar mucho

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10º Congreso Educación Emocional

26 y 27 de marzo 2022

Leticia Garcés Larrea

Leticia Garcés Larrea

Pedagoga por la Universidad de Navarra (2009), Postgrado en Educación Emocional y Bienestar en la Universidad de Barcelona (2016), Máster en Inteligencia Emocional (2017) y estudios de Neuroeducación (2018) en la UNED de Madrid. En 2010 fundó la plataforma Padres Formados, a través de la cual gestiona las formaciones que imparte a familias y profesionales en temas relacionados con la educación emocional tanto presencial como online.
Desde 2012 organiza eventos formativos como jornadas de prevención para la salud emocional y congresos de educación emocional en Navarra. Vivió y trabajó en centros de menores en Guatemala y coordinó proyectos de cooperación y educación (2002-2007). Colabora con Eduemo Lab, laboratorio de educación emocional de la UNED. Impulsora de la campaña de sensibilización #educarsinmiedo Autora del libro “Padres Formados, hijos educados” y coautora de la colección de cuentos y disco de canciones “Emocionate”. Autora del cuento "Dragombolo, saca el bolo"

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