la empatía se educa en casa y se refuerza en la escuela

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La empatía se ha convertido en una competencia emocional esencial, por un lado porque nos permite conectar con las emociones de los demás y por otro lado porque cuando nuestras neuronas espejo se activan nos movilizan de forma proactiva a mitigar de alguna manera el mal estar de los demás. La empatía se puede decir o que nos humaniza o que nos permita sacar nuestro mejor lado, el que contribuye, aporta, ayuda, se entrega y se vuelca con los demás generosamente y de forma desinteresada. 

Para explicar algunas cuestiones sobre este tema voy a tener como referencia y que recomiendo, el libro de Educar en la Empatía, El antídoto contro el bullying, de Luis Moya Albiol que no hace mucho entreviste para el canal de Youtubre de Padres Formados. (Ver entrevista)

Empatía y cerebro

Luis en su libro nos dice que la empatía depende de un complejo sistema neuronal con diferentes áreas que interactuan entre sí, muchas de ellas ubicadas en la corteza cerebral y otras en las partes más profundas del cerebro. Los niños aprenden a regular sus emociones cuando mejoran su metacognición y maduran las estructuras cerebrales que están en la base de la memoria de trabajo y del control inhibitorio. Las bases cerebrales de la regulación emocional incluyen el cortex prefrontal y el cortex cingulado anterior, ambos básicos en la empatía. 

Un ambiente empátíco y afectivo

Establecer un apego seguro es fundamental para el desarrollo del cerebro empatíco, el bebé necesita seguridad y afecto desde que está en el vientre de su madre por eso el estrés es tan dañino, se sabe que los niños cuyas madres sufrieron estrés durante el embarazo tuvieron mayor dificultad para gestionarse a nivel emocional. Por lo tanto, es conveniente identificar todos los estímulos que actúan como estresores en los padres y madres que tienen la responsabilidad de educar las competencias emocionales de sus hijos porque el estrés puede impedir educar en y para la empatía. 

¿Sabemos los beneficios de la oxitocina?

Esta sustancia se conoce como la hormona del amor y la felicidad, en un experimento del que Luis habla en su libro, muestra que los niños que experimentaron un apego seguro entre el primer y tercer año de vida eran más autónomos y mostraban mayor interés poo el conocimiento escolar. Aqui tenemos un dato importante para esos padres que se preguntan cómo motiviar a sus hijos con los estudios.

Estos niños, también tenían más autoestima, menos miedo en general y mayor empatía hacía los demás, que quienes tenían un vínculo inestable hacía sus padres. 

Teniendo en cuenta esta información, nos dice que la carencia de experiencias positivas durante la edad temprana genera falta de control emocional mientras que los modelos de crianza basados en el apego, liberan oxitocina, inhiben el cortisol, la hormona del estrés y generan redes adecuadas de serotonina, el neurotransmisor implicado en la regulación emocional y control de la violencia. 

Si tuviera que hacer un resumen breve de todo lo nombrado hasta el momento diría que la empatía es el resultado de establecer un apego seguro los primeros años de vida del menor y que a partir de esta base, el menor tiene mayores probabilidades de experimentar bienestar emocional. 

La empatía se aprende si se siente previamente

Creo que es importante recalcar que la empatía no es algo que solamente se aprende en la escuela, más bien para reforzarla en la escuela es necesario que se haya experimentado en el hogar y que se hayan creado unos vínculos afectivos sólidos, de lo contrario es muy difícil que porque un docente diga que nos tenemos que respetar en el aula, se lleven a cabo conductas respetuosas.

Sabemos que las personas empáticas utilizan en menor medida estrategias de resolución de conflictos violentas, porque sencillamente no las necesitan, y ¿por qué no las necesitan? porque se autorregulan emocionalmente con más facilidad y eso les permite empatizar mejor. Con lo cual, la escuela puede llevar a cabo una labor educativa con respecto a la empatía si existe previamente una base trabajada en el hogar, empatízar es relativamente fácil cuando se ha experimentado previamente. 

El abuso vivido impide empatizar

 

Algo que me ha parecido interesante resaltar del libro es que las experiencias traumáticas y altamente estresantes vividas en la infancia afectan a las conexiones entre las neuronas. Las investigaciones científicas han constatado que los y las menores con trastorno antisocial tienen un mayor tamaño de cortex cingulado anterior y del cortex orbitofrontal, esto quiere decir que no se ha producido bien la poda neuronal, la red neuronal está desestructurada por decirlo de alguna manera y esto afecta al desarrollo del comportamiento social. Al dañarse la comunicación entre el cortex prefrontal y la amigdala  hay menos control del impulso violento.

Relación entre empatía y bullying

 

Luis lo tiene claro, «lo primero es potenciar un clima positivo que favorezca la comunicación y estimular las actitudes prosociales y las conductas de compasión hacía los demás a través de la educación en valores» En la medida que los vínculos entre iguales se fortalecen va aumentando la capacidad de empatizar entre ellos y esto nos lleva a que las conductas violentas serán menores. 

Hablamos de bullying cuando hay una clara intención de hacer daño (poca empatía), son agresiones que se repiten en el tiempo, respaldadas por un grupo de iguales, existiendo una clara diferencia de poder y generando la sensación de indefensión aprendida en la victima.

Muchas personas que sufren o han sufrido episodios de este tipo han experimentado cuadros de ansiedad, problemas psicosomáticos , alteraciones gastrointestinales, enfermedades autoinmunes y hasta intentos de suicidio, Estamos frente a un problema muy grave que nos afecta como sociedad, si la empatía es una manera de evitar que muchos y muchas jóvenes no lleguen a sufrir o a generar sufrimiento, nos lo tenemos que tomar en serio. 

 

 

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Leticia Garcés Larrea

Leticia Garcés Larrea

Pedagoga por la Universidad de Navarra (2009), Postgrado en Educación Emocional y Bienestar en la Universidad de Barcelona (2016), Máster en Inteligencia Emocional (2017) y estudios de Neuroeducación (2018) en la UNED de Madrid. En 2010 fundó la plataforma Padres Formados, a través de la cual gestiona las formaciones que imparte a familias y profesionales en temas relacionados con la educación emocional tanto presencial como online. Desde 2012 organiza eventos formativos como jornadas de prevención para la salud emocional y congresos de educación emocional en Navarra. Vivió y trabajó en centros de menores en Guatemala y coordinó proyectos de cooperación y educación (2002-2007). Colabora con Eduemo Lab, laboratorio de educación emocional de la UNED. Impulsora de la campaña de sensibilización #educarsinmiedo Autora del libro “Padres Formados, hijos educados” y la colección de cuentos y disco de canciones “Emocionate”.

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