Enseñar a cuidar el propio cuerpo sin educar desde el miedo

Hablar con nuestros hijos e hijas sobre el cuidado de su cuerpo puede resultar más difícil de lo que parece. Queremos que sepan protegerse, que sean capaces de reconocer una situación que les incomoda y que puedan pedir ayuda si alguna vez la necesitan, pero al mismo tiempo no queremos transmitirles la sensación de que tienen que vivir desconfiando de las personas que les rodean. Como ocurre con tantos otros aprendizajes de la infancia, quizá la clave no esté en explicarles todos los peligros que existen, sino en proporcionarles recursos adecuados a su edad para que puedan conocerse, escucharse y acudir a nosotros cuando algo les preocupa.

Guías Educativas para padres

¿Cómo podemos ayudarles a nuestros hijos a que tengan una buena relación con su cuerpo? Esta pregunta es la que me ha llevado a crear dos nuevas guías para familias, «Soy la Guardiana de mi cuerpo» y «Soy el Guardián de mi cuerpo», junto con un cuaderno complementario para colorear. Los tres materiales parten de una idea que para mí es fundamental: para prevenir no siempre tenemos que comenzar hablando del peligro. Podemos empezar enseñando a los niños a tener una buena relación con su propio cuerpo, a reconocer las sensaciones que experimentan y a comprender que aquello que sienten también les proporciona información.

Enseñar autocuidado

Cuando pensamos en enseñar autocuidado es fácil centrarnos únicamente en aquello que un niño debería hacer si alguien traspasa sus límites: decir NO, alejarse o contárselo a una persona adulta. Todo eso es importante, pero antes necesitamos construir otros aprendizajes. Un niño necesita saber que su cuerpo es valioso, que sirve para jugar, correr, saltar, abrazar, recibir cariño, descansar y disfrutar. Necesita crecer entendiendo que el contacto físico no es algo peligroso en sí mismo, sino una parte importante de nuestras relaciones afectivas cuando se produce desde el respeto y el cuidado. La prevención no debería conseguir que los niños teman el contacto, sino que aprendan poco a poco a diferenciar aquello que les hace sentir bien de aquello que les genera incomodidad.

Mi cuerpo también me da información

La Educación Emocional nos ayuda a comprender que las emociones no se producen únicamente en nuestros pensamientos. También las sentimos en el cuerpo. Cuando estamos nerviosos podemos notar un nudo en el estómago; cuando tenemos miedo, nuestro corazón puede acelerarse; cuando una situación nos incomoda, podemos sentir tensión, ganas de llorar o simplemente un fuerte deseo de alejarnos. Los adultos tenemos más recursos para interpretar esas sensaciones, pero un niño pequeño puede sentirlas sin saber explicar qué está ocurriendo.

Por eso podemos ayudarles a poner atención a esas señales sin convertirlas en una alarma. Si un niño dice que no quiere estar en un determinado lugar, que algo le ha hecho sentir «raro» o que no le apetece acercarse a alguien, no significa necesariamente que esté sucediendo algo grave, pero sí podemos interesarnos por lo que está sintiendo. Preguntar «¿qué has notado?», «¿qué es lo que no te ha gustado?» o «¿qué necesitas ahora?» puede ayudarle a desarrollar esa capacidad para escucharse que después utilizará en muchas otras situaciones de su vida.

Mi cuerpo me avisa

Una de las ideas que aparecen en las guías es precisamente «Mi cuerpo me avisa». No quiero que los niños interpreten cada sensación desagradable como un peligro, sino que aprendan que su cuerpo merece ser escuchado. Si algo les produce incomodidad pueden alejarse, buscar otro lugar, acercarse a una persona con la que se sientan seguros o pedir ayuda. Enseñar autocuidado también consiste en legitimar esas pequeñas decisiones cotidianas.
Lo mismo ocurre con el afecto. Los abrazos, las caricias y el contacto forman parte de las relaciones que nos hacen sentir queridos y protegidos. Sin embargo, incluso dentro de una relación afectiva podemos no querer un determinado contacto en un momento concreto. Un niño puede querer muchísimo a sus abuelos y no querer darles un beso ese día. Puede estar disfrutando de un juego de cosquillas y pedir que pare porque ya no le resulta divertido. Puede necesitar un abrazo cuando está triste y rechazarlo cuando está enfadado. Cuando respetamos estas pequeñas expresiones de sus límites le estamos enseñando que lo que siente importa y que puede comunicarlo.

Decir NO es importante, pero no siempre podrán hacerlo

En prevención solemos insistir mucho en enseñar a los niños a decir NO. Evidentemente, necesitamos que sepan que pueden expresar que algo no les gusta, apartarse, alejarse o acudir a una persona adulta. Sin embargo, debemos tener cuidado de no convertir esa enseñanza en una responsabilidad que recaiga sobre ellos. Habrá situaciones en las que un niño pueda decir NO con claridad, pero también puede haber otras en las que el miedo, la vergüenza o la confusión le impidan hacerlo.

Cuando una emoción es muy intensa no siempre reaccionamos como nos gustaría. Podemos quedarnos paralizados, no encontrar palabras o tardar un tiempo en comprender lo que ha ocurrido. Si esto nos sucede a los adultos, debemos entender que también puede sucederle a un niño. Por eso me parece tan importante acompañar el mensaje «si algo no te gusta, puedes decir NO» con otro igualmente necesario: «si no has podido decirlo, puedes contarlo después».

La responsabilidad de respetar los límites nunca puede recaer sobre el niño. No queremos que después de una experiencia difícil piense que hizo algo mal porque no gritó, no se apartó o no supo pedir ayuda. Podemos darle herramientas para protegerse, pero somos los adultos quienes tenemos la responsabilidad de respetar su cuerpo y de crear entornos en los que pueda sentirse seguro.

LETICIA GARCÉS

2 guías y 1 cuaderno para pintar gratis

Reconocer las señales del cuerpo

Además, una situación puede resultar especialmente confusa cuando quien genera el malestar es alguien conocido o en quien el niño confía. A veces centramos demasiado la prevención en las personas desconocidas, cuando precisamente la confianza puede hacer más difícil comprender una situación incómoda. Un niño puede pensar que, si quiere a alguien o esa persona habitualmente le trata bien, no debería sentirse mal con algo que ha sucedido.

No necesitamos que los niños sepan analizar las intenciones de los adultos ni decidir si una conducta ha sido suficientemente importante como para contarla. Podemos enseñarles algo mucho más sencillo: aunque confíes en alguien, si algo relacionado con tu cuerpo te hace sentir miedo, incomodidad o confusión, puedes contárselo a otra persona de confianza. No necesitan tener perfectamente ordenado lo sucedido. Pueden simplemente decir que algo no les ha gustado, que se han sentido raros o que necesitan ayuda.

Una de las frases que he utilizado en el cuaderno es «Mi cuerpo necesita que hable por él». Creo que explica de una manera sencilla algo que puede resultar muy complejo. A veces el cuerpo expresa el malestar antes de que tengamos las palabras necesarias para explicar lo ocurrido. Lo importante es que los niños sepan que pueden acudir a alguien incluso cuando todavía no entienden perfectamente qué quieren contar.

Puedes solicitar las guías gratis

Si quieres recibir las dos guías y el cuaderno para colorear, puedes pedírmelos por WhatsApp en el +34 658 296 439. Mi deseo es que puedan ayudar a muchas familias a iniciar estas conversaciones desde un lugar de confianza, naturalidad y cuidado, porque proteger a nuestros hijos no consiste únicamente en enseñarles qué hacer cuando algo va mal, sino también en construir, mucho antes, una relación en la que sepan que siempre pueden acudir a nosotros cuando nos necesiten.

Todas las guías gratis

Imagen de Leticia Garcés Larrea

Leticia Garcés Larrea

Es pedagoga especializada en Educación Emocional y Parentalidad Positiva y directora del Centro de Orientación Familiar Padres Formados. Desde 2010 trabaja en la orientación familiar y la formación de madres, padres y profesionales, e imparte conferencias y talleres sobre Educación Emocional, Parentalidad Positiva y buenos tratos hacia la infancia, tanto en España como a nivel internacional, con experiencias en Colombia, México y Guatemala.

A lo largo de su trayectoria ha desarrollado también su labor docente en diferentes universidades, entre ellas la UNED y la UNIR, y cuenta con experiencia en proyectos educativos y de cooperación en Guatemala. Desde 2012 ha impulsado y organizado en Navarra diferentes eventos de Educación Emocional dirigidos a familias, docentes y profesionales.

Es autora y coautora de diversas publicaciones y recursos educativos, entre ellos la colección de cuentos y canciones Emociónate, los libros Padres Formados, hijos educados e Infancia bien tratada, adolescencia bien encaminada, la guía Educar sin miedo y el cuento Dragombolo saca el bolo. Además, es impulsora de la campaña de sensibilización Educar sin miedo, creada para promover los buenos tratos hacia la infancia.