Los niños necesitan sentirse seguros con sus padres, aunque ya no sean pareja

Separarse nunca es una decisión sencilla. Detrás de una ruptura suele haber una historia compleja, llena de emociones, intentos, decepciones y mucho sufrimiento. En algunas ocasiones, continuar juntos deja de ser la mejor opción para la familia y la separación puede convertirse en el camino más saludable para todos.

Sin embargo, cuando hay hijos, la ruptura de la relación de pareja no pone fin a la responsabilidad compartida de cuidar su desarrollo emocional. Los niños no dejan de necesitar a sus padres porque estos ya no vivan bajo el mismo techo.

Con frecuencia pensamos que lo que más daño hace a un niño es el divorcio. Sin embargo, la experiencia clínica y la investigación nos muestran que lo que realmente afecta a su bienestar no suele ser la separación en sí, sino la exposición continuada al conflicto entre las personas de las que dependen para sentirse seguros.

Pareja separada, padres unidos

Los niños construyen su sensación de seguridad a partir de las figuras que les cuidan. Necesitan sentir que los adultos que son importantes para ellos pueden protegerles, sostenerles y hacerse cargo de sus necesidades. Cuando esas figuras permanecen enfrentadas durante largos periodos, los menores pueden vivir una profunda contradicción: quieren a ambos, pero sienten que estar bien con uno implica traicionar al otro.

Para un niño no resulta fácil comprender que dos personas puedan dejar de quererse como pareja y seguir respetándose como padres. Tampoco entiende por qué quienes antes tomaban decisiones juntos ahora solo se comunican para discutir. Cuando el conflicto ocupa el centro de la relación, es frecuente que aparezcan la incertidumbre, la culpa o el miedo. Y un niño que no se siente seguro difícilmente puede concentrar toda su energía en crecer, aprender y disfrutar de su infancia. Muchos problemas de aprendizaje surgen cuando sus mentes no pueden permitirse estar conectados, tocando suelo y concentrarse porque hay demasiados distractores que les roban la atención.

Padres que saben priorizar a sus hijos

Esto no significa que los padres deban ocultar todas sus diferencias. Los conflictos forman parte de las relaciones humanas y los hijos no necesitan familias perfectas. Lo que necesitan son adultos capaces de protegerles de problemas que no les corresponde resolver. 

A veces eso implica reconocer que la comunicación entre los progenitores es muy difícil. Otras veces supone aceptar que ambos están tan desbordados emocionalmente que apenas pueden sostenerse a sí mismos. En esas circunstancias, quizá no sea posible ofrecer una convivencia tranquila de un día para otro, pero sí es posible evitar que los hijos carguen con un peso que no les pertenece.

Con frecuencia, intentando explicar la situación, los adultos compartimos con los niños información que todavía no pueden integrar. Les contamos detalles del conflicto, criticamos al otro progenitor o buscamos que comprendan quién tiene razón. Sin darnos cuenta, les colocamos en una posición imposible, porque un hijo no necesita elegir entre su padre y su madre. Necesita seguir sintiendo que puede querer a ambos sin sentirse culpable. Cuando un adulto deja de apoyarse en otros adultos y convierte a su hijo en su confidente, compartiendo con él sus preocupaciones o hablándole mal del otro progenitor, está depositando sobre sus hombros una carga que no le corresponde. Un niño no necesita comprender el conflicto de los adultos ni posicionarse ante él. Necesita seguir sintiéndose libre para querer a ambos y crecer con la seguridad de que serán los mayores quienes se hagan cargo de los problemas. Obligarle a ocupar el papel de apoyo emocional o mediador supone una forma de parentificación que puede afectar profundamente a su desarrollo emocional.

Sé honesto sin que sean tus confidentes

Quizá una de las herramientas más valiosas en estos momentos sea la honestidad emocional. No consiste en convertir al hijo en un confidente ni en ocultar que existen dificultades. Consiste en reconocer su dolor sin hacerle responsable de él.

Podemos decirle: «Sé que esta situación puede ser difícil para ti. Entiendo que quieras a tu padre y a tu madre. Nosotros estamos teniendo dificultades para entendernos, pero eso no cambia el amor que sentimos por ti ni la responsabilidad que tenemos de cuidarte.» Este tipo de mensajes ofrecen una seguridad que muchas veces los niños necesitan escuchar

Los hijos no esperan que sus padres sean perfectos.

 Esperan que, incluso en medio de las dificultades, sigan siendo adultos capaces de protegerles. Porque una pareja puede romperse, pero un niño nunca debería sentir que también se rompe el lugar seguro desde el que aprende a confiar en el mundo.

Quizá ese sea uno de los mayores retos de la parentalidad tras una separación: comprender que la relación de pareja puede terminar, pero la tarea de ofrecer seguridad emocional a los hijos continúa durante toda la vida. Y cuando ellos sienten que siguen teniendo un padre y una madre que, a pesar de sus diferencias, son capaces de cuidar de su bienestar, resulta mucho más fácil que puedan seguir creciendo con confianza.

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Leticia Garcés Larrea

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Leticia Garcés Larrea

Pedagoga por la Universidad de Navarra (2009). Integradora Social (2002). Postgrado en Educación Emocional y Bienestar en la Universidad de Barcelona (2016). Máster en Inteligencia Emocional (2017) y estudios de Neuroeducación (2018) en la UNED de Madrid. Psicología Positiva en el Instituto Europeo de Psicología Positiva (2019). Diplomado de Educación Emocional, Liderazgo y Bases del Coaching para el Desarrollo Integral en la Fundación Liderazgo Chile (2022).
En 2010 fundó el centro de orientación familiar Padres Formados, desde donde asesora a familias en crianza positiva e imparte formación a familias y profesionales en temas relacionados con la Educación Emocional y la Parentalidad Positiva, tanto presencial como online, a nivel nacional e internacional (Colombia y México entre otros países). También organiza eventos de Educación Emocional desde 2012 en Navarra (España).
Ha sido profesora en la Escuela de Inteligencia Emocional de la UNED Vitoria-Gasteiz, también en UNED TUDELA y profesora en el «Experto Universitario en Inteligencia Emocional » de la UNIR (La Universidad Internacional de La Rioja). Vivió y trabajó en centros de menores en Guatemala y coordinó proyectos de cooperación y educación (2002-2007). Es coautora de los cuentos y del disco “Emociónate” (2014), autora del libro “Padres Formados, hijos educados” (2017), de la guía descargable “Educar sin miedo” (2018) y del cuento «Dragombolo saca el bolo» (2020) para la gestión de la frustración.También es impulsora la campaña de sensibilización «Educar sin Miedo»