Infancia bien tratada, adolescencia bien encaminada: encuentros con familias en Irún y Donostia

Hace unos días participé en dos encuentros en Irún y Donostia. En Irún preciosa ciudad, organizado por HaurARTean y en San Sebastián organizado por la Asociación Vasca de Ayuda a la Infancia Maltratada – AVAIM que es una asociación sin ánimo de lucro, declarada de utilidad pública para la prevención del maltrato y promoción del buen trato.

Estos encuentros son necesarios para reflexionar con familias y profesionales sobre una cuestión que atraviesa mi trabajo como pedagoga y orientadora familiar: cómo cuidar las relaciones durante la infancia para favorecer el bienestar emocional en la adolescencia.

Bajo el título «Infancia bien tratada, adolescencia bien encaminada», compartimos un espacio para comprender las necesidades de nuestros hijos e hijas y revisar los recursos con los que contamos para acompañarlos.

Comprender lo que ocurre antes de responder

Durante los encuentros hablamos de la preocupación que generan los datos sobre salud emocional adolescente. Detrás de esas cifras hay jóvenes que necesitan sentirse escuchados, encontrar adultos disponibles y contar con recursos para afrontar lo que les sucede. También hay familias con dudas, cansancio y dificultades para interpretar determinadas conductas. En ocasiones, vemos el enfado, la negativa o el aislamiento, pero nos cuesta reconocer qué puede estar ocurriendo detrás.

Comprender una conducta nos ayuda a elegir cómo intervenir. Podemos escuchar el malestar y, al mismo tiempo, establecer un límite. Podemos reconocer una emoción sin aceptar cualquier forma de expresarla. Esta combinación de cercanía y firmeza fue una de las ideas presentes en ambos encuentros.

Nuestra historia también está presente cuando educamos

La crianza nos confronta con nuestras propias experiencias. La forma en que aprendimos a afrontar el error, recibir un límite o expresar tristeza puede influir en cómo respondemos hoy a nuestros hijos e hijas. Por eso dedicamos parte de la reflexión al estrés parental y a la importancia de reconocer nuestras reacciones. Cuando estamos desbordados, puede resultar más difícil escuchar, mantener la perspectiva o responder con la calma que desearíamos.

Revisar lo aprendido permite identificar qué queremos conservar y qué necesitamos cambiar. También nos ayuda a reconocer cuándo debemos parar, reparar una respuesta o pedir orientación.

Límites que orientan y relaciones que dan seguridad

Otra de las cuestiones que abordamos fue la diferencia entre castigar y establecer límites educativos. Los límites ofrecen referencias para convivir, asumir responsabilidades y comprender que nuestras acciones afectan a otras personas. Su valor educativo depende también de cómo los comunicamos y sostenemos.

La parentalidad positiva propone acompañar desde el respeto y el vínculo afectivo, con una responsabilidad adulta clara. Esto requiere aprender a manejar el desacuerdo, tolerar la frustración de nuestros hijos y mantener decisiones que, en ocasiones, no les van a gustar. Educar incluye momentos incómodos y disponer de mejores recursos emocionales nos ayuda a atravesarlos sin recurrir a la humillación o al miedo.

Preparar para la vida desde la infancia

No podemos evitar todas las dificultades que nuestros hijos e hijas encontrarán. Sí podemos ofrecer oportunidades para que aprendan a reconocer sus emociones, pedir ayuda, resolver conflictos y asumir responsabilidades de forma progresiva. Estas competencias se desarrollan en situaciones cotidianas: cuando escuchamos una preocupación, acompañamos una frustración, reconocemos un error propio o permitimos que hagan por sí mismos aquello para lo que ya están preparados.

Una infancia bien tratada no garantiza una adolescencia sin dificultades, pero puede proporcionar una base emocional más segura para afrontarlas.

Gracias a HaurARTean por la invitación y a las familias y profesionales que participasteis en los encuentros de Irún y Donostia. Vuestras preguntas y experiencias permitieron acercar estas reflexiones a los desafíos reales de la educación. Seguir formándonos también es una manera de cuidar la relación con nuestros hijos e hijas.

Imagen de Leticia Garcés Larrea

Leticia Garcés Larrea

Es pedagoga especializada en Educación Emocional y Parentalidad Positiva y directora del Centro de Orientación Familiar Padres Formados. Desde 2010 trabaja en la orientación familiar y la formación de madres, padres y profesionales, e imparte conferencias y talleres sobre Educación Emocional, Parentalidad Positiva y buenos tratos hacia la infancia, tanto en España como a nivel internacional, con experiencias en Colombia, México y Guatemala.

A lo largo de su trayectoria ha desarrollado también su labor docente en diferentes universidades, entre ellas la UNED y la UNIR, y cuenta con experiencia en proyectos educativos y de cooperación en Guatemala. Desde 2012 ha impulsado y organizado en Navarra diferentes eventos de Educación Emocional dirigidos a familias, docentes y profesionales.

Es autora y coautora de diversas publicaciones y recursos educativos, entre ellos la colección de cuentos y canciones Emociónate, los libros Padres Formados, hijos educados e Infancia bien tratada, adolescencia bien encaminada, la guía Educar sin miedo y el cuento Dragombolo saca el bolo. Además, es impulsora de la campaña de sensibilización Educar sin miedo, creada para promover los buenos tratos hacia la infancia.