Cómo ayudar a gestionar la frustración

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ein kleines schreiendes mädchen

Rabia, furia, enfado, enojo o indignación son palabras que podemos utilizar para expresar lo que estamos sintiendo ante una situación que consideramos injusta, algo que no deseamos o que nos genera malestar.  Cada día nuestros hijos e hijas se enfrentan a situaciones que les genera frustración, no alcanzar expectativas, no ser los primeros o simplemente tener que hacer algo que no quieren. No podemos solo reaccionar ante la conducta sin contemplar aquello que no han sabido gestionar.

Cada día nos encontramos con luchas de intereses entre padres e hijos/as porque el adulto tiene que marcar unas pautas que tienen que ver con la convivencia familiar y la responsabilidad personal como son los hábitos de orden, higiene o alimentación y los niños/as no siempre colaboran al ritmo que el adulto desearía.

Tenemos que entender que cada pauta que damos como puede ser  ¡Vamos a recoger! genera frustración en el niño/a por lo que la pauta en sí supone, el final de un momento placentero como puede ser jugar.

Según la edad, estilo educativo familiar,  temperamento y capacidad para gestionarse a nivel emocional, el niño/a expresara su  rabia con oposición y en algunos casos con conductas molestas como gritos, negación o incluso agresiones.

Ante las conductas que manifiestan frustración el adulto debe mostrar empatía y compresión para poder mantener un contexto de seguridad y afectividad,  que permite al niño/a canalizar lo que está sintiendo. Es importante respetar la primera salida de frustración del niño/a bien sea por medio del llano, de gritos o movimientos bruscos siempre y cuando no genere un daño en el entorno. Esta primera explosión es necesaria para que el niño se estabilice a nivel cerebral y pueda escuchar las pautas del adulto con el fin de ayudarle a reconducir la conducta.

Pautas para ayudar a gestionar la rabia

  1. Acoger la emoción: Como figuras de apego, nuestra principal función es acoger la emoción de rabia que está sintiendo el niño/a mostrando amor y firmeza sin permitir que lo que la conducta nos genera nos lleve a generar un contexto de inseguridad y desprotección. El niño/a necesita un adulto estable que le permita disminuir su nivel de ansiedad o enfado.
  2. Acompañar la conducta: Lo siguiente es mostrar empatía para poder acompañar la conducta que nos permite cumplir la pauta, pero lo haremos juntos porque se trata de ayudarle a ser consciente de que  la rabia que siente le impide colaborar en el cumplimiento de las normas que facilitan una convivencia armoniosa. Hijo/a, entiendo que estas enfadado porque no te apetece recoger los juguetes, estas muy a gusto jugando y te apetece seguir jugando…pero es hora de recoger y lo vamos a hacer juntos…yo te ayudo…
  3. Aportar recursos: Una vez que ha pasado la tempestad y que todo ha vuelto a la calma es el momento de hablar de diferentes recursos que podemos llevar a cabo cuando sentimos que una rabia intensa nos desborda. En el cuento la representamos como una bola de fuego que tenemos que aprender a sacar poco a poco  expresando con palabras lo que sentimos, para poder lograrlo primero tenemos que aprender a calmarnos en momentos de tensión.

Pautas para ayudar a tranquilizarse

  1. Buscar un lugar para tranquilizarse: Necesitamos elegir un lugar donde nos sintamos a gusto y cómodos como puede ser la habitación para vivir el enfado de forma responsable sin que dañe a otras personas. El niño/a tendrá la opción de acudir allí cada vez que lo necesite para gestionar su enfado y volver a la calma.
  2. Gestionar mi enfado: El niño/a puede aprender que para gestionar su enfado puede o bien dejar pasar el tiempo hasta lograr tranquilizarse, o bien realizar alguna acción que le permita sacar su rabia sin generar ningún daño como golpear un cojín, hacer bolas de papel, pintar, escuchar música, bailar, llorar, gritar, etc.
  3. Restituir el daño: Como no siempre conseguimos gestionar el enfado sin generar daños, después de sacar la rabia toca restituir los daños que hayamos ocasionado, tanto con objetos, recogerlos si los hemos tirado al suelo o con personas, disculparnos con un compromiso de que en próximas ocasiones intentaremos poner en marcha acciones de gestión emocional.

 

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