No quería dormir en su habitación porque tiene miedo

0
789

Desde hace 3 años,coincide mas o menos cuando nació su hermano,  empezó a dar problemas a la hora de meterse a la cama y todas las noches acabábamos todos enfadados.Hace 15 días como estaba con mucho miedo tomamos la decisión de que se durmiese en nuestra cama y después la pasábamos a la suya. Pero acababa viendo la tele y no durmiéndose así que hemos vuelto a que duerma en su cama. Ayer era el primer día y no quería dormir en su habitación porque tenía miedo. Yo al principio le calmaba, intentaba cambiarle de registro hablándole de otra cosa le daba besicos y me iba a mi habitación. Cada vez que me iba gritaba, lloraba y decía ¡¡¡tengo miedo, he visto una bruja!!!! lo malo que su hermano desde su habitación gritaba lo mismo que su hermana. Al final después de una hora de reloj acabó con mi paciencia y acabamos gritando a tres bandas, yo diciendo que se callase, ella que tenía miedo y su hermano lo mismo. No se como actuar ante los miedos y sobre todo el reclamo de no querer dormir.Las horas de ir a la cama son desesperantes porque intentamos cada vez llevarlos antes a las 9h y acaban durmiéndose a loas 1030 u 11h

 

Educar es un proceso, un camino

Los hábitos son parte de la rutina de la mañana y de la noche, se adquieren a base de repetición de actos, presencia del adulto y constancia. Generalmente, entre los 3-6 años nos centramos en educar cuatro hábitos importantes, el de higiene, el de alimentación, el de orden y el más importante de todos y que permite el buen desarrollo del resto, el hábito de la conexión emocional, respetar la necesidad que tiene el niño de sentir el afecto del adulto de una manera real. Para esto debemos crear conscientemente un momento/espacio para ello, no es cuestión de tiempo,sino de momentos que generan emociones agradables de unidad y que predisponen al niño a tener una  mejor actitud ante las pautas.

 

El hábito de dormir está estrechamente relacionado con el hábito de la conexión, si pretendemos que el niño llegue del colegio, meriende, se duche, haga las tareas y acto seguido de prepare para ir a dormir sin rechistar, no estamos contemplando el proceso de aprendizaje donde el niño madura como el camino a seguir, sino que buscamos atajos y una obediencia inmediata que para obtenerla no podemos hacer otra cosa que recurrir a condicionamientos como gritos, retirada de privilegios o aplicaciones de consecuencias negativas (como no te acuestes ya mañana no verás tele). Siento deciros que esto no es educar, es imponer normas y aplicar castigos cuando el menor las incumple, el camino que yo os propongo es más largo, costoso y sacrificado pero si queremos moldear el carácter del niño y educar su voluntad debemos hacerlo, de lo contrario tendremos niños de ocho años que se lavan los dientes rápido y mal para cumplir con la pauta pero que no son conscientes la importancia de una higiene bucal limpia y sana.

Conectar antes de entrar en la rutina

Salimos del colegio a las 17:00, merienda, un rato de patio, extraescolar (futbol, judo, musica, balet,etc.), tareas, ducha, cena, tele,etc. Vaya, ya son las 9, ahora cuento y a dormir. Más o menos así es como transcurre la tarde de la mayoría de niños y niñas, si hay varios hermanos y tenemos extraescolares diferentes ya nos toca hacer el pino con las orejas. Con la frase, ¡venga que es hace tarde y mañana hay que madrugar! queremos que entiendan que no se deben retrasar y como ya estamos cansados les decimos, ¡acuerdate que luego por la mañana no te puedes levantar!. 

 

El día ha pasado sin darnos cuenta, ya están en la cama, ¡Por favor que se duerman pronto!, pero parece que no es así. ¡Mama, agua! Mama tengo miedo, he visto una bruja…te quiero contar una cosa…no me puedo dormir, quiero jugar…no tengo sueño. Por más que les explicamos no parecen entender, ¿no quieren entener? Ya les hemos dicho que si no se duermen tendrán sueño, que si se hace tarde no podemos leer el cuento….seguimos igual….¿Que falta? La conexión

¿Como puedo conectar con mi hija antes de entrar en la rutina?

Hay muchas formas de conectar con un niño, no siempre es necesario el tiempo si no lo tenemos, sino conseguir que el niño se sienta a gusto, tranquilo y seguro con nosotros, hay distintas formas hacerlo:

  • A través del juego: antes de empezar la rutina puedes jugar a algo que el niño te pida, puede ser una lucha de cojines, cosquillas encima de la cama, caricias antes de dormir, hacer un baile juntos…
  • A través de las palabras: verbalizar cómo te he echado de menos, que me he acordado de ti, que te llevo en una foto en la cartera,etc.
  • A través de una actividad: pintar juntas, hacer las tareas, juegos de mesa,etc.
  • A través del silencio: estar juntas sin decirnos nada pero a gusto…
  • A través del contacto físico: abrazos, besos,etc.

Cuando conscientemente hemos podido conectar con el niño/a, sabemos que a nivel cerebral también ha sucedido una repercusión positiva, el niño está con una mayor predisposición a colaborar, aún así contamos con que cumplir la pauta no le va a gustar y por lo tanto no va a querer pero como padres debemos ayudar a cumplir las normas, no se trata de imponer y reaccionar ante la desobediencia desde el enfado que nos produce esa actitud.

Cuando conectamos y no hacen caso

La conexión emocional nos permite cuidar la relación adulto/niño pero no la hacemos para que los niños obedezcan, cumplan las pautas y nos cueste menos acostarlos, porque estamos dentro de un proceso de aprendizaje y la respuesta que tengamos ante estas conductas nos permite ayudar al niño a que lleguen a la meta, es decir, a adquirir los hábitos que nos hemos marcado como objetivo y por lo tanto una actitud positiva ante las pautas.

Si habiendo conectado vemos que el niño se resiste a dormir, y descartamos miedos o pesadillas, entendemos que es el momento de mantener los límites con una actitud firme y constante, si el niño se levanta una y otra vez de la cama lo acompañaremos una y otra vez, si no quiere estar en su cama, le observaremos desde la puerta para que vea que le vamos a acompañar al principio pero que luego nos iremos y si nos llama muchas veces, acudiremos pero cada vez que vamos le diremos que ya es hora de dormir y que ahora todos vamos a descansar. (Otra opción libre y respetable es el colecho para aquellos que la eligen) Como estamos educando un hábito, entendemos que el niño necesita al adulto para aceptar la situación y es cuestión de tiempo y de mantener una postura firme y constante.

Al principio tengo paciencia, luego ya no

Esto marca la diferencia, si queremos educar el hábito, debemos mostrar paciencia y firmeza durante todo el proceso, a veces son años, de lo contrario podemos alimentar la conducta que queremos eliminar y alargar la situación, por eso acaba resultando difícil de soportar por el cansancio propio y el enfado acumulado por ver que nada de lo que hacemos surte efecto. La prisa que tenemos por cambiar esta situación nos lleva a querer controlarla, a veces premiando el día que ha dormido y otras castigandola por el día que no lo ha hecho, estas consecuencias negativas que aplicamos unidas al enfado que manifestamos no ayudan al niño a conciliar el sueño mejor, necesita acostarse con paz, sintiéndose querida y segura por la firmeza que ve en el adulto.

Leticia Garcés Larrea. Pedagoga.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here