Escuela para padres y madres en Zizur Mayor

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Ante un comportamiento inadecuado cualquiera, dos niños que se pegan, gritos en un centro de salud, pataleta en un supermercado o negativa a saludar a un familiar, lo primero que nos nace hacer es controlar la situación, conseguir que se dejen de pegar, que se callen o que cese la rabieta. Pero la mayoría de las veces, detrás de una comportamiento inadecuado, hay una manifestación emocional que si no atendemos, seguiremos percibiendo malos comportamiento sin conseguir que ni las amenazas, los castigos o gritos los eliminen.

En la Escuela de padres y madres que hemos tenido en la Guardería Mimos de Zizur en octubre, hemos trabajado este caso que nos ha compartido una madre, donde hemos podido comprobar que ayudar a procesar la frustración en niños pequeños es mucho más efectivo que pretender cortar una rabieta.

Ayer tuvimos mi primera rabieta en un lugar público, en el vestuario de la piscina, lleno de gente, ¡qué horror! El motivo fue que se quería poner el gorro de la piscina sola y yo le ayudé, entonces se enfadó.

Yo calmada intenté sacarla de la frustración, pero era imposible. Se puso como un demonio, los mocos le colgaban como un trol, la cara roja, chillando…. bueno, bueno, ¡un auténtico chou! Al final se calmó y entramos a la piscina. Nos bañamos las dos juntitas, aunque media hora más tarde.

Lo pasé mal, pero no por la rabieta en si, sino porque todo el mundo me miraba y una señora mayor encima se atrevió a decirme: “Si se pone así ahora, ya verás con 15 años…”, en fin, que me he dado cuenta que el comentario me ha afectado, claro, esta mujer de la vieja usanza vio, que ni le chillé, ni le pegué, sino que le decía cariñosamente: “cariño cuando se te pase el enfado puedes venir donde mamá, que te abrazará y nos iremos a bañar…. Cariño, entiendo que te quieras poner el gorro de la piscina sola…”

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